jueves, 23 de marzo de 2017

Los 6 clichés más típicos de los héroes y como evitarlos

Como escritores parece que firmamos una serie de compromisos con el lector de antemano con respecto a nuestros héroes o protagonistas. El lector va a esperarse una serie de cosas, unos tópicos repetidos hasta la saciedad en la mayoría de novelas de fantasía. Tópicos que, en realidad, solo sirven para tranquilizar al lector y que, a nosotros como escritores, nos limitan creativamente. Hoy os voy a hablar de los tópicos más típicos y como evitarlos para crear sorpresa a nuestro lector.

Los 6 clichés más típicos de los héroes y como evitarlos escribir una novela de fantasia escritor fantasy

1. Orfandad

Nuestra literatura está plagada de personajes que son huérfanos: no conocen sus raíces familiares y han tenido que criarse fuera del seno familiar. Esto no sería un gran problema si no pasara de aquí. Es fácil de explicar la orfandad de un personaje si se trata de una época de guerra o si una epidemia asoló la población. De hecho, lo lógico en semejantes marcos sería que hubiese muchos huérfanos.

Es más, recurrir a la orfandad de un personaje puede resultar beneficioso para el autor: te ahorras tener que inventar historia y nombres para los padres. Yo misma he creado personajes huérfanos por esto. A veces resulta la opción más cómoda para personajes que no requieran, realmente, de una gran historia detrás.

Sin embargo, el gran error está cuando este personaje huérfano, sin raíces familiares, se le da un parentesco al final de la obra que salve la situación de la trama. El reino necesita un heredero y todos han muerto, ostia, espera, que el protagonista es casualmente el bastardo del antiguo rey, que escondieron en el bosque. O el rey malvado está obsesionado en perseguir al protagonista y hacerse con él y, cuando por fin lo tiene consigo, le confiesa que es su padre y le ordena unirse a su gobierno. Qué casualidad, qué conveniente.

Está muy visto ver que ese personaje huérfano acaba teniendo un parentesco que ayuda a avanzar a la trama. Cambia esto. Venga, vale, que se crea el heredero al que todos buscan, que se crea el hijo del mismísimo rey y que luego resulte ser el hijo de cualquier plebeyo. Estas relaciones sacadas de la manga del autor resultan demasiado convenientes para que resulten creíbles. Si lo deseas, crea un personaje huérfano, pero no abuses de este tópico.

2. Perfección y bondad

Otro cliché recurrente es crear a nuestro héroe protagonista como un ser perfecto: estandarte de la bondad del mundo, honesto, fiel y un gran líder. Alguien que jamás haría el mal, alguien que busca convertir el mundo en algo mejor. Y mil cursilerías por el estilo.

No crees héroes perfectos. Lo perfecto no existe. Lo perfecto es plano, soso y aburrido. Tienes que crear un héroe complejo con un pasado a sus espaldas, con una personalidad definida y, como todos, con defectos. Para ello tendrás que valerte de una ficha de personaje, con ella podrás tener el personaje definido, te ayudará a pensar como él. Sin embargo, también tendrás que aprender a crearle profundidad estableciéndole unos objetivos personales, distintos a los objetivos del desarrollo de la trama o los objetivos del grupo.

Con estas herramientas, tendrás que crear un personaje auténtico. Puede ser un idealista en busca de mejorar el mundo, pero debe ser un personaje real. Igual no tanto un héroe, ni tanto un villano, simplemente una persona que se ve arrastrada por una historia y que tendrá que sobrevivir, como pueda, a ella. Lo interesante de la literatura es ver como un personaje idealista evoluciona y en qué se convierte dentro de la trama que le ha tocado vivir, ¿mantendrá todos sus ideales? ¿Qué tendrá que verse obligado a sacrificar para llegar a sus objetivos?

3. El elegido

En fantasía parece que sentimos fascinación por las profecías. Se ha convertido en el cliché más básico para atar a nuestro protagonista a la trama. Ah, no, no puedes escapar, estás destinado a ello. Y nos quedamos tan anchos.

Introducir una profecía en nuestra novela me parece una excusa perfecta para tratar temas tan complejos como la idea del destino y el libre albedrío. ¿Se puede bola de cristal profecía profetico el heroe el profeta el elegido escribir una novela de fantasia fantasyescapar al destino? ¿Tenemos, en realidad, algún tipo de libertad? ¿O es que está todo ya escrito? ¿Quién escribe nuestro destino: una deidad o nosotros mismos a cada paso que damos?

Si vas a introducir una profecía en tu obra, ten presente todas estas preguntas. No te excuses en la planificación previa de los dioses y te quedes tan tranquilo. Introdúcele cierta complejidad o no resultará más que otro cliché sin aporte original a la trama. Piensa un poco en el concepto del destino y lo que podría implicar a tus personajes. ¿Existe realmente UN elegido escogido por los dioses antes de su nacimiento? ¿No podría ser este elegido cualquiera que se crea que cumple sus características? ¿No te saldrían, así, un montón de elegidos? ¿Y por qué no crear una profecía con cinco elegidos incompatibles entre sí? Piensa que es un cliché mascado hasta la saciedad, tendrás que darle algunas vueltas para ofrecer a tu lector algo distinto del resto.

4. Camino de rosas

A nuestros protagonistas los tenemos mimadísimos. Muchos autores les ponen el camino demasiado fácil, hasta un punto que resulta inverosímil y ridículo. ¿Cómo solucionar esto?

Lo primero es crear a un buen contrincante, un buen villano que se oponga a su objetivo. Tendrá que ser un personaje a la misma altura del protagonista o, incluso, superior. Una persona inteligente, capaz de llevar a cabo sus objetivos. Sólo así lograr vencerlo será, realmente, una proeza interesante de presenciar. Obliga al protagonista a pensarse bien los pasos a seguir, que no sea una camino fácil, que se encuentre acorralado y que salga mal parado de ideas mal llevadas.

Lo segundo es no tener miedo de hacérselo pasar mal a tu protagonista. Piensa que de donde mejor se aprender es de lo errores: cuanto mayor sea el error y su consecuencia, mayor será el aprendizaje. Además, creará profundidad al personaje, lo ayudará a madurar y mejorar. O, incluso, lo ayudará a enloquecer, volverse introspectivo o que actúe con mayor temor. ¡Todo depende de cómo quieras hacerlo crecer!

5. El prota nunca muere

Como lectores, en el momento en el que empezamos a leer un libro sabemos que el protagonista no va a morir. No hasta el final del libro, al menos. Si se trata de una saga, se da por entendido que éste no morirá, al menos, hasta el final de todos los libros. ¿Cómo te quedarías si lees un libro en el que el protagonista muere a medio libro? ¿Qué ocurrirá hasta el final? ¿En qué hombros caerá el protagonismo?

Este es un cliché extendido a la mayoría de novelas pero que, en cierto modo, se entiende su por qué. Te has pasado meses creando a un buen protagonista, dotándole de una personalidad atrayente. Acabas cogiéndole cariño pero, además, sientes que la obra cojearía sin él. El principal problema es que una obra no tendría que depender de un solo personaje, tendrías que tener un buen abanico de personajes que la sostuvieran sin que importara que uno de ellos muriera.

¿Para qué matar al protagonista? Aunque no es imprescindible romper con este cliché si lo encuentras en tu obra, creo que es interesante sobresaltar al lector rompiéndole los esquemas. La muerte del protagonista te destroza la seguridad como lector: si ya has sido capaz de matar a tu protagonista, ninguno estará a salvo de morir. Entonces, las escenas de lucha tendrán otro matiz: en la mayoría de novelas sabes que, en cualquier escena de lucha, el protagonista se hará solo un par de rasguños, pero, si ya has matado a un protagonista, infundirás temor al lector pues cualquiera podría morir en escenas de riesgo. Resulta interesante infundir esta sensación al lector, pues vivirá con más credibilidad las escenas más peligrosas.

6. Relación amorosa

Otro esquema que todos asumimos al empezar a leer una novela es que el protagonista va a enamorarse. Aparecerá una chica en algún momento: un integrante de su grupo, una mujer misteriosa que avanza en paralelo a su trama o, porque no, un miembro de “los malos”. El caso es que cuando aparece este personaje femenino, que es enseguida reconocido por el lector, sabemos que la trama va a tomarse una pequeña pausa para desarrollar esta relaciómaga hechicera fantasy fantasia como escribir una novela escritor cliches del heroe protagonista amor romancen amorosa. Ni si quiera nos llegamos a plantear si van a gustarse, si sus orientaciones sexuales son compatibles o si, sencillamente, no están hechos el uno para el otro. Sabemos que sí, porque todo protagonista debe tener una relación amorosa, ¿no?

Hago un pequeño paréntesis para señalar que hablo del prototipo héroe masculino y, por lo tanto, pareja heteronorma. Este esquema se da también cuando la protagonista es femenina. Pero eso sí, he visto pocas –de hecho, creo que ninguna– parejas protagonistas homosexuales donde la relación amorosa no sea el tema principal de la novela.

Propongo saltarte muy mucho este esquema. Una relación puede avanzar de formas muy distintas, ya lo desglosamos en esta entrada sobre como introducir romance en una novela, por lo que sería interesante ver un protagonista no correspondido o un protagonista que no se interesa por la chica que le va detrás y, por supuesto, proponer parejas protagonistas fuera de la heteronorma. Eso sí, si quieres introducir personajes LGTB sin que parezcan marionetas sacados de chistes de mal gusto, te recomiendo que le eches un vistazo a esta entrada.

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Y eso es todo por hoy. Decir que el que tu novela incluya alguno de estos clichés no la convertirá en una mala novela, pero no podrá calificarse de una novela original. Esto no es algo precisamente malo, pero siempre va a destacar más una novela que toque temas menos tratados o que tergiverse lo que tan acostumbrados estamos a leer.

Cuéntame, ¿tu novela peca de alguno de estos clichés?

¿Has hecho algo para remediarlo?

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miércoles, 15 de marzo de 2017

Cómo crear tu propia religión (I): Los dioses y las diosas

Con la entrada de hoy, inicio una serie que tiene como objetivo ayudarte a crear las religiones del mundo de tu novela. Sí, en plural. Porque en todo un mundo no puede haber una sola religión: tenlo siempre en mente. En una entrada anterior, ya hablamos sobre los distintos tipos de mitología que puedes emplear, hoy, en cambio, hablaremos de los protagonistas de toda religión: los dioses.

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1. Politeísmo, monoteísmo o henoteísmo

Lo primero que debes hacer es decidir el tipo de mitología quieres que el pueblo adore. ¿Será una sociedad politeísta con un gran abanico de dioses sobre los cuales reina uno? ¿Se tratará de una sociedad firmemente monoteísta que niega la existencia de otros dioses? ¿O, en cambio, se trata de una sociedad henoteísta que cree que existe un gran abanico de dioses pero solo adoran a uno?

Dependiendo del tipo de mitología que escojas, tendrás que caracterizar de una forma u otra a tus dioses y ser fiel al marco que escojas para crear toda la religión.

  • Politeísmo: se trata de un conjunto de dioses que, cada de uno de ellos, representan una fuerza (elementos naturales) o un arquetipo (del amor, de la guerra, etc). Su jerarquía es patriarcal, cuyo rey necesitará un poder para mantener su puesto y conseguir obediencia del resto de dioses.
  • Monoteísmo: se trata del creador del mundo y único dios. Generalmente, se le dota de las cualidades de bondadoso y omnipotente. Es habitual encontrar0madre tierra1 que posee un fuerza que se le opone, siendo esta la causante de todo el mal del mundo. Esta mitología tiene una pega enorme y es que peca de maniqueista: el bueno y el malo, la luz y la oscuridad; y parejas similares. Si vas a emplear esta, no te quedes en este punto y sigue leyendo para darle más profundidad.
  • Henoteista: es una de las mitologías que dan más libertad a la hora de crear religiones. Creen en la existencia de muchos dioses, pero deciden adorar únicamente a uno. Generalmente, se cree que todos los dioses no son más que distintas representaciones de la misma divinidad, por lo que no se niega la validez de las otras religiones, pues, en realidad, están adorando una representación de su mismo dios. Un claro ejemplo de esto, en nuestra fantasía, son los Siete de Canción de Hielo y Fuego.

Sé que existen mil sistemas mitológicos más, pero me centro en estos tres que son los más habituales y que dan más juego a la hora de trabajar la personalidad de las divinidades. Si tienes cualquier sugerencia sobre otro tipo de mitología, soy toda oídos ^^

2. ¿Existen realmente los dioses?

Lo primero que me planteo sobre los dioses es si existen. Generalmente, mis mundos siempre tienen dioses que los hdios ciervo como escribir una novela fantasia fatnastica escritor dioses y diosas crear una religionan creado, pero no siempre la religión está en lo cierto.

Puesto que en tu mundo habrá un gran número de pueblos, cada uno con su propia religión, deberías plantearte si alguno de ellos poseen “la religión verdadera”. O, por el contrario, se tratan de malas interpretaciones. Es más, puedes decidir que en tu universo los dioses no existen o, más divertido, que existieron, crearon el mundo y se largaron dejando a la humanidad aún en pañales.

Como autor y creador del mundo tienes que saber cuál es su origen mítico y cómo y por qué los humanos han llegado a crear las religiones que poseen: ¿los dioses bajaron a la tierra para contarles quienes eran? ¿Tienen profetas o mesías? ¿O, sencillamente, un tipo muy listo se inventó la religión para sacar algo de los ignorantes de su aldea?

3. Interacción vs pasividad

Los dioses presentan dos principales actitudes en relación al mundo que han creado. Pueden pasarse la eternidad recostados en una cómoda nube mirando como sus hombrecillos corretean por el mundo que les han creado, o bien pueden interactuar con el mundo y con la humanidad, intentando perseguir un objetivo concreto.

Tanto si se trata de un sistema mitológico u otro, suele prevalecer la idea de que existe un “plan divino” pero todo humano ha nacido con libre albedrío para aceptar este plan o contrariar a la divinidad. Sin embargo, puedes crear tu mundo con un destino marcado en todo humano, que es incapaz de rechazar puesto que los dioses, omnipotentes, lo hadios fluta musica como escribir una novela worldbuilding crear tu religionn orquestado todo para que funcione como ellos desean.

A partir de aquí, tendrás que jugar con los distintos dioses que has creado. Si tu mundo es politeísta, ¿qué desea conseguir cada uno de ellos? ¿Hay bandos? ¿Se busca un objetivo concreto o solo están jugando entre ellos como quien juega al ajedrez?

Sea como fuere, tienes que pensar qué función ocupan los dioses en el mundo que has creado y, cuando lo hayas decidido, pensar qué papel creen los hombres que estos ocupan. Puede darse el caso de que los hombres vean en el amanecer, por ejemplo, la interacción de los dioses pero que, en realidad, no participen de la vida humana. O, en cambio, puede darse una civilización que considera que sus dioses descansan apaciblemente en los cielos cuando, en realidad, participen activamente en su mundo o, incluso, en el desarrollo de sus leyendas.

4. Personalidad de los dioses: ¿actitud humana o divina?

Igual me tomarás por una obsesa de la planificación, pero creo que, del mismo modo que es necesario crear fichas para tus personajes, también necesitas crear una ficha para tus dioses. Lo más fácil sería adaptar la ficha que uses para tus personajes a las divinidades.

En ella, no sólo tendrás que recoger los datos más básicos como su nombre, su poder o su relación con los otros diosediosa madre como escribir una novela de fantasia como crear tu religion escritor escribirs; sino también crearle a cada uno una personalidad propia. Y no, no es tan sencillo como que el dios de la guerra sea malvado y la de la sabiduría lista y buena. Generalmente, llaman mucho más la atención dioses que posean actitudes humanas, que tengan una personalidad marcada y defectos como cualquier humano.

Sin embargo, también puedes crear dioses a la antigua usanza. Puedes crear entidades que se rijan por unas ideas fijas: una diosa dedicada al cuidado de la tierra y las plantas, otro dedicado a manipular los vientos y, cómo no, alguno tendrá que encargarse de llevar las almas de los muertos a algún lado. Serán, por tanto, entidades con grandes pensamientos y actitudes que irán en una misma dirección; sin embargo, deberías intentar crear cierta relación entre ellos, que no todos se lleven bien, que existan enfrentamientos. Así podrás jugar más y mejor con ellos en la trama si deseas incluirlos como personajes.

5. Sexo de los dioses: masculinos, femeninos y ¿qué más?

Me gustaría añadir un último comentario sobre la caracterización de los dioses. Generalmente se les dota de sexo, son hombres o mujeres, a pesar de no ser humanos. Te propongo romper un poco estos esquemas: son divinidades sin un cuerpo físico, ¿realmente poseen un sexo determinado? ¿No podrían ser asexuales? ¿O, incluso, presentar una sexualidad distinta dependiendo de la sub-rama de la religión? ¿Ellos mismos se conciben a sí mismos como “femeninos” o “masculinos” o es una etiqueta que les ponen los hombres para entenderlos mejor? Sería interesante que te plantearas esto, sobre todo si tus dioses van a participar en la trama, para darle un toque no sólo original, sino también verosímil.

6. Semidioses y profetas

Por último, destacar el papel fundamental de los personajes que habitan entre el cielo y la tierra. En toda religión necesitarás un mensajero de los dioses, alguien que haya entrado en contacto con ellos y transmita su mensaje a la Tierra. Puede tratarse de un simple profeta, un humano escogido por los dioses para llevar su mensaje divino, o bien, un hijo de un dios y un humano: un semidiós.

Siempre he creído que las figuras de los semidioses podrán dar mucho juego para cualquier novela fantasía pues lo tienen todo: son humanos, con sus defectos y virtudes, pero, al mismo tiempo, su sangre divina les proporciona un poder o una habilidad que los hace destacar. Ya tenemos la magia muy masticada, igual estaría bien inventar un mundo en el que los “magos” sean, en realidad, semidioses o, por qué no, los propios dioses.

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¡Eso es todo por hoy! Recuerda que, en esa entrada, solo hablo sobre tres tipos de religiones. Piensa que puedes idear sistemas completamente innovadores o poco vistos en fantasía. ¡Estrújate el coco!

Y, cuéntame,

¿Qué religiones imperan en tu mundo?

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domingo, 12 de marzo de 2017

Medicina Medieval Occidental

A todos nos suena que en la edad media estaban como una chota y curaban desangrando a la gente, ¿verdad? Pero, ¿sabes por qué? Hoy te traigo una entrada acerca de la medicina medieval de occidente. Tus personajes enfermarán y caerán heridos, es inevitable. Te traigo un ejemplo de nuestra propia Historia para que pienses en el sistema médico de tu mundo. Aclarar que no era, ni mucho menos, el único sistema médico y me atrevería a decir que se trata del peor. Los cristianos, en aquella época, destacaban por su poca higiene y su poco aprecio por el saber de otras culturas, por lo que, en terreno científico, nos costó mucho avanzar hasta que no se superó esta barrera.

Pero me dejo de rollos, vamos al meollo del asunto:

Medicina medieval occidental

Antes de nada, creo que tengo que aclarar que con medicina medieval occidental, en realidad, me estoy queriendo referir a la medicina del occidente cristiano. Eso excluiría a España, pues la invasión árabe trajo consigo un sistema médico distinto. Es más, los cristianos no llegaron a considerar como óptimo su sistema hasta después de la reconquista. Por lo que no se beneficiaron demasiado de estos conocimientos árabes.

Así, a grandes rasgos, podemos hacer dos grandes distinciones sobre la medicina. En un lado tenemos a los médicos, bachilleres que, tras superar sus estudios en las Artes liberales, se adentraron a cursar la carrera de Medicina en las distintas universidades repartidas por toda Europa. En el otro lado, tenemos a los cirujanos barberos, hombres humildes que aprendían de un maestro y recorrían el mundo ofreciendo sus conocimientos.

Médicos: estudios universitarios y teoría de los cuatro humores

No voy a adentrarme demasiado a hablar sobre las universidades medievales, pero para que te hagáis una idea de la preparación de los médicos decir que, primero, tenían que superar una prueba sobre las artes liberales, divididos en dos grandes grupos: trivium –gramática, retórica y dialéctica– y el quatrivium –aritmética, geometría, astronomía y música–. Eslos cuatro humores del hombreta enseñanza solía darse en un plazo de seis años. Una vez superadas las distintas pruebas y convertido en un bachiller, podía tener acceso a las carreras universitarias. Estas eran: Derecho, Medicina, Teología y Filosofía. En nuestro caso en particular, los estudios de medicina solía abarcar un período de aprendizaje de diez años y consistía en la memorización de distintos tratados sobre medicina griega.

El autor griego con más peso y que sirvió como marco para toda la medicina cristiana fue Galeno y, más concretamente, su teoría de los cuatro humores. Esta teoría mantiene que el cuerpo está compuesto por cuatro sustancias básicas (humores), cuyo equilibrio sostiene el estado de salud y anímico de las personas. De esta manera, cualquier enfermedad se veía como un exceso o un déficit de un humor. Los médicos, por lo tanto, debían suplir el déficit o el exceso del humor en concreto para curar al paciente.

Estos humores son cuatro: bilis negra, bilis amarilla, flema y sangre. Y están divididos en húmedo/seco y caliente/frío. Además, cada una de estos humores tiene una serie de adjetivaciones que servían para definir el estado anímico del paciente:

Humor

Órgano

Cualidades

Adjetivación

Características

sangre

corazón

caliente y húmedo

sanguíneo

valiente, esperanzado, amoroso

bilis amarilla

hígado, vesícula biliar

caliente y seco

colérico

mal temperamento, fácil de enojar

bilis negra

bazo

frío y seco

melancólico

abatido, somnoliento, depresivo

flema

cerebro/pulmón

frío y húmedo

flemático

calmado, indiferente

De esta manera, si se encontraban con un paciente que presentaba un estado anímico depresivo lo relacionaban con un emedicos medievales sangradoxceso de bilis negra. Por lo tanto, al ser este un humor frío y seco, aplicaban calor y humedad al cuerpo para hacer aumentar los otros humores, compensando el exceso de bilis negra y lograr el equilibrio. Así, se entiende la lógica de las sangrías: ante un exceso de sangre, humor relacionado con la valentía, la lascivia o la esperanza, sangraban al paciente para sanarlo de su enfermedad. Aclarar también que entonces consideraban una enfermedad física cosas como la melancolía, la tristeza o, incluso, el amor. Y, ante un mal de amores, te sangraban.

¿Servían para algo estas prácticas? ¿Eran efectivas? Obviamente, no. La mayoría de los casos terminaban de matar al paciente con una enfermedad que, sencillamente, no lograban entender. Piensa, además, que tanto los cristianos como los islámicos tenían la prohibición divina de abrir a un hombre para explorar su interior, por lo que se veían obligados a recurrir a textos greco-romanos para entender el cuerpo humano. Los más valientes hacían exploraciones en cuerpos de animales, pues se creía que el cuerpo del cerdo, en su interior, era idéntico al humano.

Cirujano barbero: medicina popular

Aunque no lo he mencionado en el apartado anterior, un hombre con una preparación de dieciséis años en distintas universidades europeas, enfocaba su atención a clientes ricos. Aristocráticos o burgueses enriquecidos. Cobraba un salario elevado y, por lo tanto, excluía al populacho.

Ante el médico, el pueblo tenía la figura del barbero cirujano. Se trataba de un hombre humilde que, como mucho, sabía leer y escribir. Cada caso era particular puesto que no existía un proceso educativo para formarlos, sino que cada uno aprendía de su maestro. Generalmente, se trataba de conocedores de las propiedades curativas de las hierbas, con capacidades para cerrar heridas, purgarlas de infecciones, así como realizar distintos ungüentos, cataplasmas o pócimas. También sabían acomodar huesos dislocados o evitar inflamaciones de torceduras e, incluso, poseían conocimientos veterinarios. Además, también eran dentistas y realizabacirujanos barberos medicina medievaln las funciones de cualquier barbero. Lo más probable es que no conocieran la teoría de los cuatro humores, simplemente aplicaban unos conocimientos heredados durante siglos.

La mayoría eran itinerantes. Viajaban cuanto durara el buen tiempo y se acomodaban allá donde supieran que podrían encontrar trabajo en invierno. Dedicaban el invierno a la preparación de todos los ungüentos, pócimas y plantas secas, para poder viajar sin preocuparse por reabastecerse. Durante el verano, tenían que reunir el dinero suficiente para pagar su residencia en invierno, toda la comida que comerían así como poder pagar las noches que pasarían en distintas posadas durante su viaje. Era un trabajo que implicaba muchos gastos, por lo que tenían que apañárselas para ganarse bien la vida. Muchas veces, realizaban su trabajo acompañado de música, malabares o recitando algún poema. Era una forma de ganarse un público y vender su mercancía y sus servicios. Un cirujano barbero, a diferencia de un médico que podía verse mantenido por un noble, tenía que ganarse el sustento día a día.

Piensa, sin embargo, que este trabajo podía llevarlo a cabo cualquiera, pues no se requería ninguna preparación ni cursar ningún estudio. Por lo tanto, se daban casos de vendedores itinerantes de pócimas milagrosas que lo curaban todo. Timadores que vendían cerveza aguada a precio del mejor vino del reino. Incluso, muchos cirujanos con conocimientos médicos podrían recurrir a esta estratagema para conseguir aumentar sus beneficios.

Otros curanderos: de campaña, caballerizos y brujas.

Los médicos y los cirujanos son los dos grandes tipos de curanderos que se podrían haber encontrando nuestros antepasados a lo largo de sus vidas. Sin embargo, el mundo medieval está cargado de otras figuras que ofrecían unos servicios de curandería.

Por un lado, tenemos a todos esos cirujanos que se dedicaban a sanar a soldados en combate. Curanderos o médicos de campaña, por ponerle un nombre. Eran curanderos enfocados, sobre todo, a evitar la muerte de los guerreros en combate. Se dedicaban a las heridas más físicas: cortes, magulladuras, torccuranderia medieval brujeria como escribir una novela documentacion medievaleduras o huesos rotos. No tenían una gran formación y ofrecían un servicio para ese preciso momento. De tratarse de guerreros con sangre noble, posiblemente, al llegar a la corte, recurrirían a un médico.

Por otro lado, tenemos la figura de los caballerizos. Del mismo modo que los cirujanos, éstos aprendían todo de un maestro, sin existir aún una formación reglada para ellos. Además de aprender todo sobre el cuidado de los distintos animales, aprendían conocimientos médicos para sanarlas en casos de heridas o enfermedades. Conocimientos que se podía aplicar, sin problemas, a los humanos.

Por último, destacar la función de muchas profesiones anónimas que han quedado en el olvidado por tildarlas de brujería. Mujeres, en su mayoría, que se dedicaban a ofrecer servicios de curanderas así como ofrecer artículos que protegían de la mala suerte, propiciaba la buena fortuna o curaban de un mal de amores. Y, por qué no, artilugios para maldecir a un enemigo o para adivinar el devenir.

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Y eso es todo por hoy. Aclarar que hablo intencionadamente todo el rato en masculino, exceptuando el último párrafo, puesto que se trataban profesiones casi en exclusividad masculinas. Una mujer no podía acceder a la universidad para convertirse en médico y era mal visto que una mujer tuviera un trabajo itinerante, pues eso propiciaba que se la tildara de prostituta. Sin embargo, tu mundo en tuyo. ¡No caigas en los mismos paradigmas de nuestros ancestros!

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jueves, 2 de marzo de 2017

Sistema de magia (III): El nominalismo de Ursula K. Le Guin

¡Bienvenido de nuevo a una entrada más sobre sistemas de magia! Hoy te traigo a mi autora adoptada: Ursula K. Le Guin. Como gran madre de la literatura fantástica, no podía, ni debía, dejarla de lado. En su saga de Terramar incluye un sistema de magia que se ha ido repitiendo en distintas obras y que, a nadie le sorprende, aún sigue empleándose. Hablo del nominalismo: de la magia de las palabras o, más concretamente, de los nombres verdaderos de las cosas.

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El nombre verdadero de las cosas

Terramar es una tierra antigua en la que habitan los dragones y los hechiceros pueden mover las nubes y los vientos y domar a las bestias solo nombrándolas. Todo se construye a partir de la existencia de una lengua antigua: la lengua de los dragones y del creador del mundo.

Se trata, pues, de un tipo de magia con una gran limitación: sólo puedes dominar algo, lo que sea, si conoces su nombre verdadero, su nombre en el Habla Antigua. Una vez sepas su nombre y entiendas su existencia y su lugar en el mundo, puedes manipularlo.

“Pero la mera necesidad no basta para liberar el poder: el conocimiento es indispensable” (página 23)

Pero, la gran pregunta, ¿cómo consigues averiguar el nombre verdadero de algo? Ursula K. Le Guin decide dotar a sus magos de tres posibilidades: 1) que ese algo te confíe su verdadero nombre, 2) leerlo en alguno de los pergaminos de la Torre Solitaria o 3) comprender ese ser e incorporarlo a tu esencia. Un mago, por lo tanto, es una persona sabia, no sólo porque ha leído muchos pergaminos, sino porque entiende, en esencia, todo lo que le rodea. Entiende qué es cada cosa y cuál es el lugar que le pertenece.

“Todos los poderes tienen un solo origen, y un solo fin, creo yo. […] Mi nombre y el tuyo, y el nombre verdadero del sol, o el de un manantial de agua, o el de un niño aun no nacido, todos son sílabas de la gran palabra que la luz de las estrellas pronuncia lentamente. No hay otro poder. Ni otro nombre” (página 196)

Además, una caracteristica del Habla Antigua es que, con ella, solo puedes decir la verdad. Se trata de una lengua sagrada, la lengua del mundo, con ella no puedes engañar. Los únicos que la dominan lo suficiente para tragiversarla son los dragones, mil veces más sabios que los humanos.

Efectos secundarios y costes de la magia: el Equilibrio

Ya hemos hablado sobre la gran limitación de la magia: solo puedes hechizar sobre algo de lo que conoces el nombre verdadero. Sin embargo, Ursula decide limitar a los magos concediéndoles la gran idea del Equilibrio.

“Si no fuera así [la limitación verbal], la maldad dequilibrio terramar ursula k le guin magia como escribir una novela fantasitca fantasia nominalismoe los poderosos o la locura de los sabios habría intentando tiempo atrás cambiar lo que no puede cambiarse y el Equilibrio se habría roto. Y el mar, perdido el equilibrio, invadiría estas islas en las que habitamos peligrosamente, y el antiguo silencio se llevaría consigo todas las voces y todos los nombres” (página 66)

El Equilibrio, pues, se entiende como una fuerza que mantiene el mundo unido; pero, sin embargo, se trata de una fuerza muy débil. Los hechiceros pueden destrozarlo con mucha facilidad si abusan del poder o si intentan cambiar la naturaleza de las cosas. Ursula, de hecho, insiste mucho en la idea de que cada cosa tiene su propia esencia, su propia naturaleza, y, el hecho de intentar cambiar algo, siquiera la piedra más pequeña, altera el Equilibrio.

“Piénsalo: en nuestro Arte, cada palabra que pronunciamos, cada acto que ejecutamos es para bien o para mal. ¡Antes de obrar hay que conocer el precio! (página 39)

Escuela de magia de la isla de Roke

En el mundo de Terramar hay muchas formas para lograr aprender a usar la magia. Las mujeres están limitadas a sólo poder aprender de sus maestras, quedando excluidas de cualquier círculo. Es más, su conocimiento acerca de la magia es muy limitado y sencillo. No tienen ni punto de comparación con los hombres, que pueden acceder a la magia desde muchas vías y no se ven limitados como ellas Una mujer, una bruja, suele verse con malos ojos. No sé, pero las pocas que he encontrado alguna o era muy ignorante o muy mala. –sí, aquí Ursula me patina mucho, pero vamos a perdonarla por la época en la que escribió–.

En este mundo, la magia se aprende, pero también existen los aprendiz de mago terramar nominalismo como escribir una novelahombres que han nacido magos, personas que, de forma natural, son más propensas a entender mejor el mundo que les rodea y dominar el Habla Antigua. Cualquiera, natural o no, puede aprender magia viviendo junto a un hechicero o yendo a estudiar a la Isla de Roke.

Ursula K. Le Guin nos introduce, así, en una de las primeras figuras de una escuela de magia, que tanto juego ha dado en la literatura posterior. A esta escuela puede acceder cualquier varón con ganas de aprender magia. Su aprendizaje pasará por nueve grandes maestros de la magia que les instruirán en nueve tipos de usos del Habla Antigua distintos.

Los que nos van a dar menos juego en esta entrada son el Maestro Cantor, que les enseña las gestas y los cánticos del Antigua Habla; el Maestro de hierbas, que enseña la función de la mayoría de hierbas; y los Maestros de Vientos, Nubes y Mares, quienes enseñan a manipular estos tres elementos y, generalmente, tienen como propósito ayudar en travesías en barco.

El Maestro de Nombres, que habita en la Torre Solitaria, es el guardián de una biblioteca que cualquiera envidiaría: una torre enorme forrada sus paredes de huecos en los que guardar los grandes pergaminos con los nombres verdaderos conocidos hasta el día de hoy. Por muy grande que sea la biblioteca, se deja muy claro desde el principio que no se conocen aún todos los nombres de todas las cosas.

“Ningún hombre puede aprenderlas todas. Porque esa lengua es infinita” (páginas 66)

Maestro de Invocación y Maestro de Formas

Son los dos maestros que más me interesa enseñarte puesto que enseñan dos tipos de magia: la invocación y la transformación. La principal diferencia entre ambas es que la primera invoca fuerzas de la naturaleza mientras que la segunda cambia las cosas, generalmente, a partir de ilusiones.

Al crear una ilusión, se hace creer y sentir que el objeto ha cambiado. Puedes transformar una piedra en pan y comértelo, sentirás el sabor en la lengua y te sentirás el estómago lleno; pero no es más que una mera ilusión, un engaño a tus sentidos, a tu forma de concebir el mundo. Por otro lado, un mago puede, en lugar de engañar a los sentidos, cambiartransformacion nominalismo terramar ursula le guin como escribir una novela de fantasia2 la naturaleza de un objeto para cambiarlo y convertirlo en otro. Sin embargo, se trata de un arte peligroso.

“Le explicó por qué, si se quiere cambiar realmente una cosa en otra, es menester nombrarla y volverla a nombrar mientras dura el hechizo, y cómo ese hecho afecta los nombres y la naturaleza de las cosas próximas a la que ha sido transformada. Le habló de los peligros de la transformación, sobre todo cuando es el hechicero mismo el que se transmuta, corriendo el riesgo de quedar apresado en su propio encantamiento” (página 73)

Por lo tanto, con la transformación vemos dos tipos de magia: una que engaña a tus sentidos y otra que cambia la naturaleza de las cosas. Esta segunda tendrá unas grandes consecuencias en el caso de que se abuse de ella, puesto que al cambiar el nombre de algo, a la larga, cambias también su esencia y su ser, su consciencia, se transmuta.

Por último, tenemos al Maestro Invocador, con un tipo de magia muy distinta. Te dejo que te lo explique Ursula:

“No trabajaba con ilusiones. Sino con magia verdadera, invocando energías como la luz y el calor, […]: poderes reales, extraídos de las inmensas e insondables energías del universo, que ni la magia ni la codicia de los hombres podrán agotar o desequilibrar alguna vez” (página 73)

Así, un mago, al invocar una fuerza superior a él, hace que esta aparezca, la llama hacia él. No cambia ninguna naturaleza, no crea ninguna ilusión; simplemente emplea las distintas fuerzas de la naturaleza llamándolas por su nombre verdadero. Sin embargo, a pesar de tratarse de una fuerza inagotable, de advierte también a sólo recurrir a estas fuerzas en casos de necesidad extrema puesto que invocarlas altera la naturaleza del mundo.

De este modo, en forma de conclusión, vemos como Ursula juega con el Habla Antigua otorgándole ciertos poderes: se puede emplear para manipular las fuerzas de la naturaleza pero también, y más interesante aún, manipular la visión que se tiene del mundo, creando ilusiones, y manipular la naturaleza de las cosas cambiándoles su esencia, su ser. Todo ello haciendo grandes malabares para que el Equilibrio del mundo no se rompa en mil pedazos.

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Y eso es todo por hoy. Ursula y su tipo de magia nominalista han sido un gran referente en la literatura fantástica. Si habéis leído Eragon, todo lo que os he ido explicando os sonará mucho e, incluso, Kvothe tiene que aprender el nombre verdadero de las cosas, aunque su mecanismo sea totalmente distinto al que emplea Gavilán en Terramar.

Y cuéntame, ¿conocías el nominalismo?

PD: Todas las citas remiten a “Historias de Terramar. Edición completa” de Ursula K. Le Guin, publicado por la editorial Minotauro.

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