sábado, 30 de abril de 2016

¿Cómo crear a un buen Villano para tu novela fantástica?

Cuando hablamos sobre tópicos que evitar en tu novela fantástica, mencioné que había que alejarse del cliché del Héroe y del Villano. Y ahora vengo aquí a explicaros como se crea un buen malo. ¿Qué me pasa? ¿Soy incoherente? Pues... la verdad es que sí, lo soy, como cualquier humano. Pero NO en este caso, y me explico: vengo a enseñaros, con esta entrada, a crear un buen antagonista para no caer en el tópico absurdo de la lucha entre el bien y el mal


Un Villano o, como prefiero llamarlo yo, un antagonista es muy útil en una novela porque le da cierto dinamismo a la acción. Pero no confundais conceptos. Un antagonista es un personaje que se opone al desarrollo del protagonista. En otras palabras, sus objetivos son opuestos al protagonista, lo que obliga a enfrentarlos de una forma u otra. No necesariamente tiene que ser malvado, simplemente tiene otras metas

He decidido daros unas serie de puntos que tener en cuenta para crear a vuestro antagonista. Recorad que es mi opinión y que lo hagais de forma distinta a como yo lo hago no quiere decir que lo estéis haciendo mal. 

1. El antagonista es un personaje más de tu historia.

A muchos autores se les olvida este punto que parece la mar de simple y construyen al antagonista como al enemigo del protagonista, creando un reflejo inverso de éste. Error enorme.

Para crear a un buen malo debes crear, primero, un personaje. Un personaje con una infancia concreta, unas desilusiones y unos deseos determinados. Una vez que tengas creada su personalidad y su forma de actuar en el mundo, tienes que otorgarla el calificativo de antagonista: es decir, darle unos objetivos que se opongan al protagonista. Sólo así podrás dar cierta profundidad al malo y hacerlo mucho más creible y verosímil. 
 

2. Maldad innata.   

¿Cuántas veces hemos leído acerca de reyes malvados? ¿O de magos negros que la magia han trastornado? No son personajes, son simples clichés. Son malos. A secas. Y como malos, van en contra del protagonista, que es bueno.

Error número dos. Tu antagonista no tiene porque ser, siquiera, malvado. Un buen antagonista no está haciendo el mal por pura diversión, no. Está siguiendo un propósito concreto. Tal vez los medios que use no sean los adecuados, pero este personaje debe perseguir un objetivo y creer que está obrando bien. Es decir, podemos encontrarnos con un malo-redentor o bien alguien que justifique lo que hace por llegar a una meta que él ansía o que cree que será mejor para el mundo. 

Del mismo modo que el antagonista no tiene porque ser malo, tu protagonista no tiene porque ser la encarnación del bien. La mejor manera de enfrentar este tópico es crear, sencillamente, dos personajes que se opongan pero que no sea ninguno de ellos malvado ni bueno por antonomasia. Crea claroscuros en tus personajes.


3. No existe la maldad absoluta.

De esta manera, llegamos al punto 3: otorgarle a tu antagonista puntos positivos. Que sea un rey corrupto que ansia dominar el resto de territorios, pero que, al mismo tiempo, luche por erradicar la pobreza y la mala vida de sus subyugados.
  Como hemos dicho antes, nadie es malo al 100%, debes establecer un equilibrio creíble entre su lado maligno y sus puntos buenos. Tu decides si es un malo que el lector debería odiar o un malo que termina enterneciendo. 

4. La locura en tu villano.


Muchos recurren al tópico de la locura para simplificar a su villano: está loco y por eso actua de forma tan horripilante. Alé, y te quitas el problema de explicar nada más. 

Me parece un error. Si decides enloquecer a tu villano, que se vea la evolución: como, poco a poco, va perdiendo su humanidad para convertirse en un monstruo sin escrúpulos, en alguien poderoso dominado por la locura.

Que la locura no sea un motivo para simplificar a tu personaje, sino, todo lo contrario, para darle aún más profundidad psicológica.

5. Evita los  tópicos al describir su físico.

Capas negras o rojas como la sangre, encapuchado para no mostrar su rostro, con una pupilas de un rojo penetrante. Y, ya que estamos, le ponemos una serpiente de mascota. Apaga y vámonos. ¿Hay algo más cliché que eso?

Evita que tu antagonista vista con un cliché. ¿Por que no creas un malo malísimo que tenga la apariencia de una dulce niña de cinco años? ¿Por qué tu malo malísimo no es un ángel? Rompe un poco los esquemas y no caigas en convencionalismos.

Pero, lo que más rabia me da, no le pongas mascotas monstruosas: arañas gigantes, basilicos o monstruos de tu imaginación. Me parece un decorado horrible y extremadamente prototípico. Sorprende a tu lector con un malo que monte en un pegaso o un unicornio. Rómpele los esquemas.

6. Esbirros estúpidos e inútiles.

Y el colmo de todo. Creas a un malo malísimo, super poderosos y de la ostia; pero es tan especialito que contrata esbirros estúpidos que siempre consiguen ingeniárselas para ayudar al protagonista sin querer.

Por favor, un poco de seriedad. Un malo de verdad. Un buen malo. No contrata semejante chusma. Un buen malo hace las cosas por sí mismo y si ve a alguien que es tan inutil que puede destruir sus planes, lo fulmina con un rayo. Haz a tu malo inteligente ¡¡y ni se te ocurra que se ponga a narrar su plan secreto en lugar de matar al protagonista!! Siempre que veo una escena así, pienso "Este malo es tonto, mátalo ya ¡y adiós problemas!"

Los esbirros tontos no son más que un as bajo la manga que se gurda el autor para facilitarle las cosas a su protagonista. No se les facilites así. No. 



7. Invencible a manos de cualquiera, excepto de tu protagonista.
Y, por último, pero no menos importante: en toda novela sólo hay una persona que pueda derrotar al villano. ¿Lo adivinas? Exacto: el protagonista.

Esto depende mucho de como vayas a montar tu novela y como la enfoques, pero analizando esta idea sin tener en cuenta nada más, me parece absurdo. Generalmente, este malo suele tener cierta repercursión en la sociedad y en el mundo en el que viven, me parece extraño que nadie más aparte de tu protagonista vaya a por él. Es más, incluso me parece demasiada casualidad que sea tu protagonista quien le derrote. Incluso, me atrevería a decir, que me parece demasiado predecible que el malo sea derrotado.

Todo lector que se encuentra con un protagonista y un villano sabe, a ciencia cierta, que tu protagonista matará o destruirá a tu villano. Siempre. Dale un guantazo a tu lector cambiando esto. Que sea otro quien lo destruya, alguien anónimo o sin importancia. Que venza el villano -sin ninguna secuela en la que nadie vaya a solucionarlo-. O, mejor aún, que el protagonista termine formando parte del gobierno del villano. Eso sí que sería sorprendente.




¡Y estos son mis siete consejos!

A la hora de escribir, la figura del villano siempre ha sido algo que me ha dado mucho de qué pensar. En algunas historias me parece necesario tener un antagonista, pero no siempre quiero que este pierda; ni quiero, tampoco, que el lector se aburra leyendo un esquema repetido hasta la saciedad en otras obras. Por eso, siempre intento darle un toque diferente. Aunque, reconozco, algunas veces se me va un poco la pinza. 


¡Cuéntame! 
¿Cómo creas a tus antagonistas?



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miércoles, 27 de abril de 2016

¿Cómo evitar las 5 distracciones más típicas en un escritor?

Si estáis aquí ahora mismo es porque, en algún momento de vuestro día a día, intentando escribir, habéis hecho de todo menos escribir. ¿Me equivoco? Centrarse en una actividad en concreto es algo que cuesta mucho al principio pero, creédme, una vez que entráis a la labor de escribir, podéis quedaros atrapados ahí dentro durante horas. Al menos para mi, escribir es algo que me engancha. Por eso, para contaros un poco mi experiencia a la hora de distraerme y ofreceros algunos consejos que a mi me han servido, os presento la entrada de hoy.


1. Ruido e incomodidad.

No sé vosotros, pero yo soy incapaz de escribir con música de fondo o cualquier tipo de ruido -la televisión, algún taladro de un vecino o alguien de fondo hablando-; me distraigo fácilmente poniendo el oído. Encima, si tengo que escribir en el tren o en el bus, apretada contra alguien, termino haciendo dibujitos en el borde de la libreta.

La solución a esto no siempre es sencilla, sobre todo si lo que quieres hacer callar vive un piso arriba y es tres veces más alto y fuerte que tú. Lo primero que deberías hacer es intentar encontrar un sitio tranquilo y cómodo para escribir: una silla delante de un escritorio es ideal. Evita escribir en sitios en el que el ruido sea abrumador y no te sientas cómodo escribiendo. Si tienes alguien cerca hablando o viendo la televisión, sencillamente muévete de sitio o invítale a irse. 

2. Interrupciones externas


Si queréis el colgador, visitad la página de literautas.
Antes escribía por las tardes con mi novio en casa y mi hermana a punto de llegar pidiendo a gritos la cena. Siempre me interrumpían mientras escribía. No siempre venían a decirme nada, pero el hecho de irrumpir en el estudio -fuera para imprimir algo o venir a por un boli- ya me distraía. 

¿Solución? Escribo a primera hora de la mañana cuando están durmiendo o en el trabajo. Si escribo con ellos en casa les pego el grito de "Artista creando, no molestar" -a veces me las doy de diva, dejad que me lo crea un poco-. Lo importante, si no vives solo, es dejarle claro a tus compañeros que necesitas una, dos o tres horas al día de soledad. Explícales lo importante que es para ti o, si no funciona, amenázales con cambiar el azúcar por la sal, eso siempre funciona.

3. Móvil e Internet

Mientras escribía este mismo post he cambiado la pestaña y mirado Twitter. Una cosa llevó a la otra y, ahora mismo, una hora después, sigo con la entrada. Soy incoherente hasta cuando doy consejos, pero los doy justamente porque yo también cometo los mismos errores. 

Cuando escribais, siempre, pero siempre, desconectad el Internet del ordenador y apagad el móvil. Dejarlo en silencio no sirve. Debe estar totalmente apagado. Existen varias aplicaciones -tanto para móvil como para ordenador- que ya te desconectan todas las webs que no deberías usar; pero yo soy más drástica y me desconecto de absolutamente todo. Es lo que mejor me funciona, ya he matado un par de árboles en Forest

4. Aburrimiento

Esta es, para mi, la más difícil de combatir. Cuando te enfrentas a un capítulo aburrido, cuando tienes que describir algo complicado o, sencillamente, cuando te toca planificar o avanzar con la escaleta; es posible que te eches para atrás y te distraigas con más facilidad porque es algo que te aburre

Antes me obligaba a escribir cuando me pasaba esto, haciendo que creara capítulos horripilantes de los que jamás me sentiría orgullosa. No, obligarse en esas condiciones no ese algo que resulte productivo. He aprendido a saltarme las partes aburridas y, cuando me siento bloqueada, me pongo a escribir una escena cualquiera, la que más me apetezca, aunque esté dando un salto en el tiempo. En cuanto cojo confianza, vuelvo para atrás a hacer aquello que antes no tenía ganas. A mi, al menos, me suele funcionar.

5. Estrés por tus responsabilidades

Te pones a escribir y no haces más que pensar en los perros que están sin sacar, en la compra que hay que hacer, en ese trabajo que tienes que entregar mañana o en que tienes que ir a trabajar dentro de poco. Antes me agobiaba mucho escribir porque me daba la sensación que estaba "perdiendo el tiempo" que podía aprovechar para otras cosas más "necesarias"

Lo primero y fundamental que tiene que hacer toda persona cuando decide escribir y terminar una novela es priorizar. Crearse una pirámide con sus prioridades. Una vez que tienes claro donde colocar la escritura dentro de esta estructura mental, no tendrás la sensación de estar perdiendo el tiempo porque es algo que tu has decidido conscientemente 

Yo, personalmente, tengo muy claro que si tengo mis necesidades cubiertas, estoy bien de salud y no estoy perdiendo horas de trabajo, puedo escribir sin preocuparme de nada más. 


¿Te distraes con la misma facilidad que yo?  
¿Qué trucos usas tú? 
 


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domingo, 24 de abril de 2016

¿Cómo incluir dragones y otros seres fantásticos en tu novela?

El día después de San Jordi, aquí en Catalunya, toda la nación ha estado contando la historia de como San Jorge mató al dragón; pero, también, una gran parte, ha estado reinventado a San Jorge, la princesa en apuros y al mítico dragón. Eso -y haberme encontrado una obra de teatro escrita por mi yo adolescente sobre dragones vegetarianos- me ha dado la idea de dedicar una de mis entradas a cómo introducir criaturas fantásticas en nuestra novela pero, más interesante aún, como reescribir mitos ya existentes y crear otros de nuevos


Lo primero que tenemos que hacer al querer introducir una criatura fantástica en nuestra novela es diferenciar entre raza, criatura inteligente y animal. 
  1. Las razas son criaturas humanoides, inteligentes y forman una civilización similar a la que pueden tener los humanos. Ejemplos de esto son los elfos, los enanos o las sirenas. 
  2. Las criaturas inteligentes son seres con capacidad para razonar -algunas incluso pueden hablar- pero carecen de forma humanoide. Están a un paso entre las razas y los animales. Ejemplos de esto son los dragones, esfinges o quimeras.
  3. Los animales carecen de una alta inteligencia, aunque pueden poseer habilidades mágicas. Se comportan como cualquier otro animal existente en nuestro planeta. Ejemplos de esto son los unicornios, los pegasos o los grifos. 

Cuando tengamos en mente introducir una criatura fantástica tenemos que tener muy clara en que categoría debemos meterla. Yo he incluido a los unicornios como animales pero puedes hacer de ellos una raza inteligente y con la capacidad de hablar. Recuerda que la magia de escribir es que puedes reinventar lo que ya está creado. 



 

Perfecto, me preguntarás, ¿y ahora qué?

Para introducir un ser fantástico en tu novela tienes que crear, inevitablemente, una ficha sobre este personaje. Sobre todo si lo creas de cero. Vayamos por pasos. 

1. Descripción física.

Debes dedicar un buen rato de tu tiempo a describir muy detalladamente a tu criatura. No todos los dragones son iguales y tú debes tener muy claro cómo son los seres de tu historia. 

Para simplificarlo puedes dividir tu descripción en partes:
  • Color característico de la criatura. 
  • Piel, pelo, plumas o escamas (o un combinado)
  • Armas (garras, dientes afilados, etc) y defensas (pinchos, camuflaje, etc)
  • Sentidos (ojos, boca, nariz, orejas) y descripción de la cabeza.
  • Extremidades (patas delanteras y traseras) y capacidad o no de volar (alas)
  • Tamaño de la criatura. 
2. Caracter, tipo de comportamiento y alimentación.

Una vez que tienes claro como se ve tu criatura debes otorgarle un comportamiento. 
  • Como se relaciona su raza: si son seres solitarios o se crían en manada.
  • Que tipo de alimentación siguen: carnívoros, herbívoros o omnívoros. De esta manera, también estableces su relación con otras especies. Si son carnívoros, cual es su presa predilecta. O, en cambio, cual es su depredador. 
  • Su caracter. Si se trata de una raza agresiva, pacífica o esquiva. Si son criaturas dadas a la lucha o prefieren esconderse. 
3. Tipo de magia o habilidad. Armas y defensas. Defectos y puntos débiles.

Aunque hayamos tratado ya que tipo de armas disponen en su descripción física, es necesario describir, también, en qué circunstancias las usan y cómo. Además, también vale la pena describir sus capacidades mágicas -si las tuvieran- y otro tipo de habilidades.
  • En cuanto a sus habilidades físicas, lo primero es detallar cuando y cómo usan las armas descritas en el punto 1. Por ejemplo, podrías crear un animal que pudiera lanzar un dardo a su enemigo pero esto le causara la muerte inmediata -como nuestras buenas amigas las abejas-. Así, detallarás mucho mejor su comportamiento. 
  • Lo más interesante de este punto es detallar sus capacidades mágicas. Por ejemplo, una criatura que puede metamorfosearse o otra que pueda hacerse invisible. No sólo tienes que otorgarles la capacidad, sino explicar como la hacen servir y cómo funciona exactamente
  • Un punto interesante de este apartado es determinar si tienen la capacidad de hablar y cómo lo hacen (si tienen cuerdas vocales o se comunican mentalmente). Incluso, podrías determinar, aquí, la lengua que usan
  • Por último, un aspecto que muchos se dejan al crear sus criaturas: su punto débil. No existe criatura perfecta, todas tienen un punto débil que les puede costar la vida o un defecto que les perjudica. Créale algunos, aunque sea algo innecesario para la historia, la criatura no estará completa sin ellos. 
¡Siguiendo estas pautas puedes introducir cualquier criatura! Recuerda que el hecho de que sea una criatura ya existente en cualquier mitología no te evita el tener que concretar todas sus capacidades. 
Como ya he dicho, ¡no todos los dragones son iguales! 
Un día escribiré una historia en la que los dragones sean vegetarianos.
Y dime, ¿en tu novela aparece algún ser fantástico? 




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miércoles, 20 de abril de 2016

¿Qué son los lectores cero? ¿Por qué los necesitas?

La figura del escritor, está más que mitificada. No sé vosotros, pero a mi siempre me han inculcado la idea de que un escritor es una persona que se encierra en un cuarto a Crear, que escribir es una actividad que se hace en solitario, que uno escribe para sí mismo. Desde que empecé a escribir un poco más en serio, entendí la importancia de desmitificar esta tontería y ver al escritor como alguien que Necesita estar en contacto, alguien que crea no sólo para otros, sino con la ayuda de otros. 


Con esto, no intento deciros ni animaros a escribir una novela entre dos ni nada por el estilo. El acto de escribir una novela, por si sólo, si que es una actividad solitaria. Sin embargo, para Escribir Una Novela, necesitas hacer otras muchas cosas más además de escribir

Si lo único que buscas es escribir y que nadie te lea, puedes seguir encerrado en tu habitación; sin embargo, si quieres escribir para publicar, para encontrar un público que Quiera Leerte. O, en el mejor de los casos, si quieres intentar vivir de escribir, amigo mio, no te puedes librar de entrar en contacto con otros. 

Y ahora es cuando me preguntais:
¿Por qué necesita mi novela relacionarse?

En primer lugar, porque ser un ermitaño tampoco es que sea muy bueno que digamos. Pero, poniéndonos serios, porque quieres que otros te lean pero, sobre todo, gustar y que sigan leyendo y no tiren tu libro por la ventana. Quieres que otras personas se gasten su dinero en tu obra y que lo hagan sin remordimientos. Quieres que disfruten. 

Para asegurarte de este éxito necesitarás lectores cero. ¿Y qué es esto?  Una persona que se lee tu novela antes de que esté publicada para darte su opinión. Y no, no vale que se la enseñes a tu mami y ella te diga que es maravillosa. De hecho, necesitamos un tipo de lector bastante específico.

¿Cómo debe ser un lector cero?
  • Debe tener cierto vagaje literario. Si sólo te ha leído a ti, no tendrá nada con lo comparar. 
  • Debe ser totalmente sincero contigo. No sirve de nada que te diga que le gusta su obra si realmente no ha sido capaz de terminársela. Necesitas criticas sinceras para saber de antemano que va a pensar tú público sobre tu obra para poder mejorarla. 
  • Suele ser interesante que sea asiduo del género o tipo de novela que escribas. Si ha leído muchas obras de tu terreno, sabrá darte mejores consejos que alguien que sólo haya leído novela romántica. 
¡Genial! Ahora ya sabemos qué necesitamos pero... ¿Cuántos necesito? He leído muchos posts al respecto y todos coinciden en una cosa: búscate muchos lectores cero. Tal vez 10, tal vez 20. Los que tú y tu novela necesiteis, pero nunca menos de 5. Piensa que cuantas más personas la lean y revisen, más podrás perfeccionarla. 

Muy bien, perfecto. Supongamos que ya tengo unas quince personas dispuestas a leerme, ¿qué tengo que pedirles exactamente? Que simplemente te digan si les ha gustado o no es una información muy vaga y demasiado inútil para ti. Para hacerlo más fácil tanto para ti como para ellos, se suele recomendar entregarles, junto a la novela, una ficha para rellenar.
  • Puedes preguntarles la impresión que han tenido sobre una escena en concreto o si se esperaban los giros argumentales.
  • Es interesante pedirles que te digan cual es su personaje favorito y el que menos les ha gustado. O, incluso, de forma más genérica, que te digan que les ha gustado más y lo que menos de la obra en general.
  • Yo, personalmente, siempre insisto en preguntar si hay algo que no les termine de encajar o que les parezca forzado.
  • Te será muy útil pedirles un resumen de la sinopsis para ver que destaca cada persona de tu historia. 
Aunque los lectores cero normalmente son para leer tu novela entera, yo tengo actualmente un par a los que les voy pasando escenas, capítulos o pasajes concretos. Me sirve mucho para orientarme y saber hacia donde debo tirar, qué debo mejorar pero, sobre todo, ver si voy bien encaminada.

Como siempre, esto tendrás que adaptarlo como mejor funcione para ti y para tu obra. 

Y ahora, lo más difícil,  
¿dónde encuentro gente dispuesta 
a hacerme este favor? 

¿Gente que sepa darme consejos para poder ir avanzando? Lo más fácil es recurrir a amigos o familiares, aunque no siempre tenemos suficientes. Por eso, se suele recomendar optar por otro escritor. Hacer un intercambio de novelas para que cada uno se lea la novela del otro y dé su opinión. Perfecto, pero... ¿dónde encuentro semejante cantidad de escritores? Lo más rápido es optar por algún foro. Yo me he hecho un usuario en uno y, la verdad, es increible el buen ambiente que he encontrado. Aunque no he entrado para buscar lectores cero -lo he hecho para buscar consejos y apoyo de otros escritores-, estoy segura de que una propuesta así sería bien recibida. 

Si queréis echarle un vistazo, os paso el link del que me he apuntado yo para que os registréis (click en la imagen), pero habrá millones más por las redes. 

http://www.foroescritores.es/member.php?action=register&referrer=1800



Cuéntame, ¿tienes algún lector cero? 
¿Conocías su importancia?


Nos leemos, ¡no dejes de escribir!