miércoles, 31 de julio de 2013

¡Historia conjunta!

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  • El juego acaba el miércoles 31/07/2013.  La persona que reciba la historia el miércoles deberá terminarla, el jueves la publicaré en esta web.




"Liversville era un pueblo pequeño y tranquilo de no más de trescientos habitantes. Estaba situado encima de una pequeña colina en una pradera que se extendía kilómetros y kilómetros. Disponía de un pequeño aeropuerto, en el cual, una vez al mes, llegaba una especie de avión cargado de suministros para que sus habitantes dispusieran de lo esencial para vivir.
Desde tiempos antiguos, a cada familia se le había asignado un género, masculino o femenino. Eso significaba que debían traer al mundo un hijo de ese género y en el momento que lo tuvieran no podrían tener más. Ese hijo o hija, sería el único que llegaría a ser adulto. Así, había familias que tenían tres hijos varones y una hija, otras que sólo tenían un hijo varón.
Era 27 de Julio 3013, y como cada año, en Liversville, se celebraba el día de los niños.  El día de los niños era el acontecimiento más esperado del año; todos los habitantes se reunían en la plaza Setmor, ubicada justo en el punto más alto de la colina y durante todo el día se hacían actividades en las que cada familia formaba un equipo.  Llegada la noche, todos los niños que ese año cumplían los siete y aquellas familias que no habían logrado su cometido, se sentaban en círculos en medio de la plaza y esperaban su “pag-akyat”, el resto de la gente volvía a su casa.
Mina tenía diecinueve años, y estaba observando como su primo se sentaba en medio de la plaza cuando vio una nube negra que se aproximaba al pueblo…"
(Cueva)
"Adoraba que lloviera, pero sabía que la fiesta del día de los niños no podría realizarse en la plaza si había tormenta: tendrían que buscar remanso. 
Mina siguió observando a Alan, que hablaba felizmente con sus amigos antes de las actividades. Justo cuando una sonrisa empezaba a dibujarse en la cara de la joven, notó como la primera gota de lluvia resbalaba por su frente. Los habitantes del pueblo también se dieron cuenta de que estaba comenzando a llover, y fueron a buscar a sus hijos para refugiarse del chaparrón que se avecinaba, a pesar de que los niños estaban decididos a no detener sus juegos por mucho que se mojaran. Mina tampoco quería estar bajo el aguacero, así que se dirigió a donde estaba su primo que, tras resistirse un poco, la cogió de la mano y la siguió sin rechistar. Ya sabía hacia dónde se dirigía ella, y ese sitio era su favorito en el mundo.
La cueva estaba relativamente cerca, pero eso no impidió que ambos llegaran allí empapados de pies a cabeza. Cuando entraron al lugar, con el que estaban tan familiarizados, se sentaron en el suelo y se quitaron los zapatos.
-Siento que el día de los niños se haya estropeado -dijo Mina mientras se despojaba de la fina chaqueta verde que había elegido para la ocasión.- Sé que tenías muchas ganas participar en las actividades.
-No pasa nada -respondió Alan.- El próximo año será.
Acto seguido, el crío se levantó y empezó a sacudirse el pelo mojado, salpicando a su prima. Mina se rió y cogió un calcetín húmedo para lanzárselo en venganza, pero frenó en seco en cuanto vio la expresión pensativa del chiquillo. Sea lo que fuera lo que se le pasaba por la cabeza, estaba claro que Alan trataba de decidir cómo expresarlo.
-Dentro de poco os asignarán un género a Vincent y a ti. ¿Qué prefieres que te toque, niño o niña?
Mina se quedó perpleja. Vaya, eso sí que no se lo esperaba. El hecho de que gente externa eligiera así sobre su vida era algo que había tratado de olvidar, en especial ahora que se acercaba la fecha en la que se decidiría su futuro... y el de sus hijos.
-Bueno, al fin y al cabo da igual lo que yo quiera, ¿no? Van a determinar si debo tener mujeres o varones, y no puedo hacer nada al respecto."
(Sangre)
Mina se quedó pensativa, aquello era algo sobre lo que había decidido no pensar: Liversville siempre había funcionado de aquella manera y, aunque no era una idea que le agradara, no podía hacer nada en contra del sistema que organizaba la ciudad. Se había resignado a ello: todos los habitantes seguían las normas y parecían felices.
- ¿Recuerdas a Maggie? - dijo Alan, sacándola de sus cavilaciones. 
- ¿Maggie? 
- Sí, Maggie Ford. Era un año mayor que yo, vivía justo enfrente de casa - aguardó unos minutos, esperando que su prima recordara a la pequeña de ojos azules y larga cabellera negra; pero no dio muestras de ello - Sí, ¡haz memoria! Hace dos años, viniste de visita a casa. Fuimos a jugar con ella a los columpios del jardín de detrás, Maggie se tropezó y se rasgó la rodilla manchándose el vestido de sangre, y tú...
- Yo le curé la herida en la fuente y le regalé uno de mis vestidos porque le daba vergüenza ir hasta casa con la ropa sucia. - Mina la recordaba: era una niñita de 6 años espabilada y, aunque algo tímida, muy cariñosa. Se había manchado su impoluto vestido blanco y lloró más por habérselo ensuciado, que por su herida. - Era encantadora, ¿por qué me hablas de ella?
- Sus padres tenían asignado un varón, pero la tuvieron a ella. - Mina no dijo nada. Sabía que las familias que no cumplían con su cometido, eran castigadas, pero no se sabía cual era su penitencia: aquél era el mayor secreto de la organización, y nadie se atrevía a preguntar al respecto. Les era suficiente con saber que, si no cumplían tu asignación, debían asumir las consecuencias. Aguardó a que su primo prosiguiera. Miraba al suelo, pensativo y, tras esperar unos segundos, prosiguió - Hace justamente un año, cuando cumplió los 7, en la fiesta de los niños.... - se le quebró la voz y, sosteniendo la cabeza entre sus manos, empezó a llorar. Mina nunca había visto a su primo, siempre tan alegre, en ese estado. 
- Cuéntame, Alan, ¿qué pasó? -  Se acercó a él y le dio uno suaves golpes en la espalda, animándolo a continuar . Sin levantar la vista del suelo, su primo continúo. 
- Yo no sabía que era una hija no deseada, por eso me extrañó cuando, tras la fiesta, su familia y ella se quedaron formando un círculo con otras familias en el centro de la plaza. Mamá y papá me llevaron hacia casa, pero aprovechando un descuido, volví a Setmor a buscar a Maggie, ya que le había prometido que le dejaría jugar con uno de mis juguetes nuevos. Y entonces lo vi.... - Alan levantó la vista hacia su prima y, con lágrimas en los ojos, le miró fijamente - Sé que le hacen a los niños no deseados, Mina.
- ¿Qué les hacen? ¿Qué es lo que vistes, Alan? - dijo Mina, aterrada. 
- Los matan, Mina, los matan - dijo, echándose a llorar. Entre sollozos, continúo hablando - llegué a la plaza cuando sólo quedaban las familias que no habían cumplido su cometido. Vi como dos guardas cogían a Maggie y, ante sus padres... ante sus padres... - no pudo continuar, la voz se le quebró y lloró con más fuerza. Mina le abrazó y acarició su espalda. 
- Alan... lo siento... siento mucho que hayas visto todo eso...
- Tengo miedo, Mina, tengo mucho miedo - dijo entre sollozos.
- No debes tenerlo, cariño, tus padres han cumplido con... - Se separó de ella y, mirándola fijamente a los ojos, negó con la cabeza.
- Mis padres tenían asignado tener un niño y una niña, aquella misma noche se lo pregunté...
- ¡Pero ya tienen un niño y una niña! Han cumplido con su... - Alan le cortó la palabra.
- Sí, Peter y Sally. Yo soy el segundo varón. Soy un hijo no deseado, Mina. Este año he cumplido 7, al finalizar la fiesta debo quedarme en el círculo a esperar... a esperar mi destino. - Mina se quedó perpleja. Lo miró fijamente sin lograr asimilar todo lo que había descubierto. Le parecía increíble como un niño de apenas 7 años podía haber logrado, no sólo desenmascarar el secreto mejor guardado de sistema, sino ser consciente de que al año siguiente correría la misma suerte que los niños a los que había visto asesinar. Su primo siempre le había parecido un niño maduro para su edad, mucho más inteligente y espabilado que niños mucho mayores que él, pero ahora mismo se sentía estúpida a su lado. 
- No, Alan. No pienso dejar que te hagan eso, no... - dijo secándole las lágrimas de las mejillas, éste le sonrío y Mina pudo apreciar como su mirada de relajaba: el pequeño se había librado de un gran carga. 
- Debemos salir de Liversville, escondernos en algún pueblo cercano.
- ¿Dónde vamos a ir, Alan? Todo el mundo sabe que detrás de las montañas sólo hay desierto, no quedan pueblos vivos a kilómetros a la redonda. Nos moriríamos antes de  llegar a ningún sitio. Debemos quedarnos aquí, podemos hablar con algún gobernante y pedir clemencia - Alan la miró con miedo y se apartó de ella. 
- ¡NO! ¡No, Mina! No pienso seguir aquí, no sabiendo lo que me van a hacer. ¿Tu dejarías que mataran a tus hijos? ¿Tan poco querrás a tus hijos que los dejarás matar solo porque ellos no querrán que los tuvieras? - Mina sabía que su primo tenía razón, pero estaba aterrada. ¿Dónde iban a ir? No conocía nada que no fuera Liversville, jamás habían salido de del pueblo y en la escuela le habían enseñado que salía de allí era un suicido. No sabía que hacer...
- No podemos.... no podemos atravesar toda la plaza y huir por las montañas ahora mismo, Alan. Nos verían, descubrirían nuestras intenciones y nos detendrían... Además, tenemos que llevarnos provisiones, algo que comer, algo con lo que... Pff, no puedo Alan, no puedo - Mina estaba exhausta, no lograba asimilar todo lo que le había dicho su pequeño primo... o tal vez no quería creer que aquello era verdad. No se veía con valor como para, en ese preciso instante, dejar atrás todo lo conocido: su hogar, su familia, sus amigos, Vicent... y huir hacia vete a saber dónde para salvar la vida de su primo.  
- No vengas conmigo, entonces, Mina. Pero yo me voy. Llevo un año buscando una manera para salir de aquí sin que me descubran y la he encontrado: por esta misma cueva se puede llegar hasta detrás de las montañas. Justo en una zona en la que no te pueden ver desde el pueblo. He estado varias veces allí y tengo dos mochilas llenas de comida esperándonos fuera. Tenía la esperanza de que me acompañaras... pero no pienso quedarme aquí y si tengo que irme solo... lo haré - Mina lo miró sobresaltada. Había en su manera de hablar una determinación que le hizo avergonzarse de su cobardía. Alan se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla - Te quiero, Mina. Espero que seas capaz de hacer esto por tus hijos, espero que los salves. - Tras una mirada cargada de ternura, se encamino por el interior de la cueva.
- ¿Adónde vas, Alan? - sabía que ir por esa cueva era peligroso: llevaba hasta lo más profundo de las montañas y un sólo resbalón podría hacerlo precipitar hacia sus entrañas. La única respuesta que obtuvo fueron sus pequeñas pisadas sobre las piedras. - Oh, maldita sea, ¡espérame! ¡Voy contigo!
Fin.
Antes de nada, lamento la extensión; pero terminar una historia que apenas ha empezado, en poco espacio, es complicado xD
Desde aquí le agradezco enormemente a Leyna que me haya ofrecido la posibilidad de participar en esta iniciativa con la que me lo he pasado genial! ;) 
¡Espero que os haya gustado la historia!

2 comentarios:

  1. ¡Da igual que sea un fragmento largo! xD No hay límite de palabras :P

    Una forma muy curiosa de acabar la historia, me ha tenido intigada =)

    Besoooos ^^

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