domingo, 14 de agosto de 2016

¿Cómo introducir datos de tu Worlbuilding sin saturar a tu lector?

Siempre he dicho que de cualquier novela los dos puntos más importante siempre son los personajes y el Worldbuilding. Por eso, dedico tantas entradas a hablaros sobre distintos características a la hora de crear vuestro mundo. Cualquier escritor de fantasía que se precie, al terminar su novela tendrá al lado un pilón el doble de gordo lleno de garabatos sobre economía, magia, fauna, flora, ciencia y un largo etc. sobre el mundo que ha creado. Si no lo sabes aún, entérate: el Worldbuilding ocupará un enorme espacio en tu tiempo, mucho más que lo dediques exclusivamente a escribir. 

Ahora, bien. La pregunta del millón: una vez que tengo todo mi mundo hecho, ¿cómo meto toda la información en mi novela?

El primer problema de esa pregunta, es la pregunta en sí. Todo ese fajo de papeles que acabarás teniendo no va a leerlo nadie. No vas a eclosionarlo en tu novela. No estas escribiendo una enciclopedia de tu mundo, intentas entretener a tu lector y ese enorme pilón de papeles sólo conseguirán dormirlo. ¿Qué más le dará a tu lector el ritual de apareamiento de los monoardillas que asaltan a tu protagonista?


Una novela demasiado detallista saturará al lector y la convertirá en una lectura tediosa y aburrida; pero, sin embargo, una novela en la que apenas se explica el contexto, dejará al lector con un gran vacío de información, no conseguirás engancharlo a tu mundo. ¿Cómo encontrar el punto medio?

1. Céntrate en lo importante para la trama.

Si tu protagonista es un guerrero, deberás explicar los sistemas de combate, las armas que utiliza o como entiende el concepto del honor; pero será totalmente prescidible explicar qué instrumento toca su vecino o porque plantan los tomates en el techo de su casa. 

Céntrate en los elementos que rodean de forma directa a tu trama y a tus personajes: ¿para qué explicar los instrumentos musicales si ninguno de tus personajes va a tocarlos?

2. Contextualiza razas y sociedades para diferenciarlas claramente entre sí. 

Si quieres crear un mundo complejo con distintas razas o sociedades, muestra las diferencias entre ellas. La mejor manera para que el lector se dé cuenta de la complejidad del mundo es mostrando sus diferencias: sistemas funerarios, religiones, lenguas, sistemas de lucha, filosofías, etc. 

Eso sí, si una de las razas o sociedades no va a aparecer apenas en la trama, no te explayes más de la cuenta. Recuerda y ten muy presente el punto 1.

3. No expliques, muestra. 

¿De que me sirve que me digas que una sociedad es muy racista si luego no me lo muestras? No expliques tu worlbulding, muestra tu mundo en todo su apogeo. En lugar de decir que una sociedad no tiene a buen ver a los extranjeros, muestra ese desprecio. No menciones que atravesar el bosque de noche es peligroso, muéstrame el peligro. Asústame. Házmelo pasar tan mal como se supone que lo están pasando los personajes. Sumerge al lector en tu mundo, hazle formar parte de él.

4. ¿Describir una ciudad o mostrar un mapa?

Esta es una pregunta abierta que puede tener distintas respuestas. Os daré la mía. Antes de una explicación aburridísima de como se dividen las calles de una ciudad, de los puentes desde los que se pueden acceder a las edificaciones más allá del río o donde se ubican los templos sagrados; prefiero un mapa. Un mapa me mostrará visualmente todo lo que necesito para sentirme dentro de la ciudad y, más importante aún, puedo volver a él cuando me pierda. Deja ese espacio de explicación para mostrar el ambiente del lugar: la basura acumulada en una esquina, dos perros peleándose por un trozo de carne más allá, un cubo de agua cayendo de un ventana sobre tu personaje. Integra al lector en el espacio, con explicaciones como esa solo consigues que se sienta desplazado, hacerlo salir fuera.

5. Evitar descripciones enciclopédicas.

Muy relacionado con lo que acabamos de comentar. Las descripciones enciclopédicas me las tengo prohibidas. Una descripción de ese tipo no sólo espanta al lector, lo hace retroceder, le hace sacar la cabeza de tu mundo. Se siente, de nuevo, ajeno a tu historia como un simple visitante que se asoma para verlo de refilón. Tienes que conseguir que se integre, que estando sentado en su sofá pueda oler el sudor del guerrero, el perfume de la meretriz y el azufre del caldero del mago.

Y eso es todo por hoy,
¿Qué hacéis vosotros para integrar vuestro Worldbuilding a la narración?



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domingo, 31 de julio de 2016

¿Cómo crear fortalezas, pueblos y ciudades para tu novela de fantasía?

Puedo decir con orgullo que por fin he terminado el mapa del mundo en el que se situará mi novela. Me ha traido grandes quebraderos de cabeza, pero por fin la tengo finiquitada. Ahora, y antes incluso que empezar a diseñar nada más, me he propuesto crear una a una todas las fortalezas, pueblos y ciudades de mi mundo. 

¿Por qué es lo primero que tienes que hacer después de terminar con tu mapa? Porque sólo así terminarás de crear el mundo que recorrerán tus personajes y, muy importante, los personajes tendrán que adaptarse a la geografía que hayas ingeniado, y no al revés. Muchos han ido pensando el mapa a medida que los personajes lo recorrían. Gran error. 

Me dejo de introducciones. Pasemos directamente al meollo del asunto:


Antes de empezar, aclarar que no estoy aquí para enseñaros a hacer mapas de ciudades, sino a crearlas desde cero hablando de su política, su economía y posición geográfica, entre otros. A continuación tenéis una lista de aspectos que tener en cuenta a la hora de crear vuestras asentamientos.

Aunque pienso directamente en un mundo ambientado en una época similar a nuestro medievo, este esquema-guia se podría adaptar a cualquier época. 

1. Situación política
  • Quien gobierna y con qué tipo de autoridad (democrática, real, aristocracia)
  • Herederos directos 
  • Familiares o personas que podrían disputarle el gobierno.
  • Diplomacia con ciudades/fortalezas/pueblos cercanos.
  • Historia de su fundación, héroes y gobernantes del pasado.
2. Seguridad
  • Fortificaciones que posee: murallas, foso, puente levadizo, etc.
  • Guardia y/o ejército.
  • Localización demográfica específica que ayuda a su protección militar. (ej: en lo alto de una montaña)
3. Situación económica
  • ¿Cómo se mantiene?
  • ¿Qué recursos es capaz de explotar por ella misma?
  • ¿Cómo obtiene agua potable?
  • ¿Cómo obtiene el alimento?
  • ¿Cómo obtiene minerales y madera? [importantes para el medievo, pero si tu novela se ambienta en otra época puedes substituirlos por otros]
  • ¿Presenta alguna carencia a la hora de abastecerse y alimentarse?
Este punto es especialmente interesante porque ayuda a establecer una red entre las otras ciudades a partir de excesos de producción y demanda: quien tiene exceso de minerales, lo intercambiará por comida si, por ejemplo, su situación geográfica le hace difícil mantenerse (sin acceso a la pesca, pocas granjas, etc)
 
4. Comunicación
  • ¿Acceso al mar?
  • ¿Acceso a caminos, carreteras o al camino real?
  • ¿Acceso y posibilidad de navegar por río? 
5. Comercio, industria y servicios.
  • Tabernas, posadas o pensiones.
  • Metalurguia. 
  • Mercado: fijo, semanal, mensual o ambulante.
  • Hospital o centro de cuidados.
  • Artículos de uso habitual que se pueden adquirir aquí.
  • Artículos de lujo que se pueden adquirir aquí.
  • Demanda de artículos de uso habitual.
  • Demanda de artículos de lujo.

En mi esquema personal, tengo añadido un apartado dedicado a la situación religiosa: cuál es su dios patrón, que templos tienen erguidos, etc. Es algo necesario para mi historia, puedes incluirlo si lo consideras importante. 

Muchos vereis que esto puede resultar innecesario y, en muchos casos, lo más seguro es que lo sea. Sin embargo, si en tu novela los personajes van a viajar entre ciudades, son navegantes que se mueven por los mares (y de puerto en puerto) o, incluso, son personas ávidas de poder que desean dominar su mundo; necesitas poseer de ante mano toda esta información.

Y dime, 
¿Para tu novela es necesario esto? 
¿Por qué?



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domingo, 17 de julio de 2016

Vestimenta medieval occidental (I): Colores, tejidos y conjuntos

Una cosa que me horriza leer en una novela fantástica ambientada en nuestra época medieval es que los personajes lleven pantalones y camisas. Un poco más y le ponen cremallera, bolsillos y un sombrero de cowboy en la cabeza. Siempre digo que en un mundo de fantasía puedes hacer lo que quieras, pero recordad que siempre debe darse dentro de los límites de la coherencia. 

Si deseas ambientarlo en una época en concreto deberás documentarte sobre un montón de aspectos. Uno de ellos será, obligatoriamente, la vestimenta. Todos tus personajes -o la mayoría, normalmente- van a ir vestidos. Si deseas ser fiel a la época en la que te ambientas, tienes que tener muy en cuenta como vestían y porque lo hacían así

Por ello, voy a traeros una serie de entradas dedicadas a la Vestimenta medieval occidental. Hoy, en la primera entrada, empezaremos por lo más fundamental: los colores, los tejidos y los conjuntos. 


Antes de empezar, debo aclarar algo fundamental para entender cómo se vestían y porque lo hacían así. A diferencia de actualmente, en la época media la vestimenta servía para distinguir estatus social y, en muchas ocasiones, oficios concretos. Aunque es evidente que un rey no viste igual que un mendigo; es especialmente interesante tener en cuenta que a personajes como juglares, prostitutas o comerciantes se les distinguía a primera vista por su vestimenta. De esta manera, es importante para nuestra novela entender que la vestimenta tiene una clara función social dentro de una estructura estamental.

¡Soltado el rollo, vayamos al grano!
 
Colores 
He leído como los colores de la vestimenta, en muchas novelas, se usa al tuntún o para terminar de definir a los personajes; pero se tiene poco en cuenta que la pigmentación era de difícil acceso, lo que hacía que sólo pudieran vestir con colores llamativos los más ricos. 

Clases aristócratas y eclesiásticas altas 

Azul, verde, rojo, dorado, morado o rosado. 

Los tonos para las clases más altas siempre son más brillantes, lo que indica que se ha usado un mayor cantidad de pigmentación y denota un mayor poder adquisitivo. 

En la mayoría de casos, los colores se combinan entre sí; ya sea a través de las diferentes prendas de los conjuntos, como veremos más abajo, como añadiendo delicados bordados de hilo de oro a las prendas exteriores. 

Clases aristócratas y eclesíasticas medias y grandes comerciantes

Rojo y verde.

Se trata del punto intermedio entre ambos grupos: aristócratas caídos en pobreza o grandes comerciantes que intentan distinguirse del vulgo. Tienen acceso a la pigmentación más barata: tanto el rojo como el verde se obtienen a partir de pigmentos vegetales. 

Clases humildes

Marrón, pardo, gris o blanco.

No empleaban pigmentación alguna, por lo que usaban el tejido en su color natural.

Tejidos

Clases acomodadas

Seda, cuero -las más populares: lobo, zorro u oso- y pieles exóticas. 

Cuanto mayor status y poder adquisitivo, el noble adinerado optaba antes por inventir en tejidos y pieles extranjeras que en las más habituales. Siempre en ese intento de distinguirse y superar a sus coetáneos.

Clases humildes

Lana, cuero barato -conejo o oveja- y lino. 

El lino se empleaba para la ropa de verano, mientras que la lana y el cuero barato servían para abrigrarse en invierno. 

Conjuntos

Una vez definidos los colores y tejidos prototípicos, sólo nos queda aclarar que tipos de prendas combinaban a la hora de vestirse. En general, podemos distinguir cinco tipos de prendas distintas:
  • Ropa interior: calzas, calzones y camisas.
  • Vestido de debajo: sayas y briales
  • Vestido de encima (opcional): pellote
  • Vestido de sobretodo (opcional): garnacha, tabardo o balandre
  • Capas y mantos
Aunque hay diferencias sutiles entre la vestimenta de hombres y mujeres, para ambos sexos se sigue el mismo patrón. Únicamente varia el largo y los complementos añadidos -como los tocados o velos para las mujeres-. Recordemos que la vestimenta sirve para diferenciar estatus social, no sexo. 

Clases humildes
 
Lo habitual era combinar la ropa interior (una camisa y unas calzas) con una saya. En invierno se abrigaban con un balandre. 

Clases acomodadas

Las clases acomodadas añadían al conjunto anterior el pellote y, en inverno, se abrigaban con una garnacha o tabardo que era de mayor calidad. 


¡Y eso es todo por hoy!

Dime, ¿tu novela se ambienta en el medievo?
¿Conocías estos datos?

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